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martes, 7 de agosto de 2007

adiós, adiós

Despacio,
piedras en los bolsillos:
tres del tamaño de un armadillo,
ocho como veleros al garete.
Despacio,
la tierra blanda comiéndose las pantorrillas
es un conjuro de muerte.
Todo huele a nuevo,
y casi encuentra
una razón para no continuar.
La corriente empieza
a arrastrarlo y se abandona
a esa fuerza que le sabe a cariño,
a calma, a brazos fuertes.
Se desploma la conciencia,
los cordones de los zapatos
flotan gráciles y lentos,
se desatan y se anudan otra vez.
Despacio,
empieza a golpearse contra la arena compacta,
rebotando con una sonrisa,
despacio, el tiempo da vueltas sobre sí mismo.
Ahí debajo,
el silencio tiene un color maravilloso
y le dedica cada uno de sus retumbos,
le desprende las uñas
y le alisa las arrugas.
Cuando la luz se ha despedido,
bondadosamente,
una mano le sostiene del pecho,
lo empuja un poco más
y todo: piedras, veleros, zapatos y armadillos
se acumulan en su cara.
Adiós, adiós.
Veleidades y amores le esperan.

1 comentario:

Julia dijo...

Qué maravilloso sería decir adiós a las piedras a las rocas a las montañas que guardamos en los bolsillos. Deberíamos ir más livianos por la vida. Al fin que es tan corta.